PARA LLEGAR A SER REX

Armando Valdes-Zamora, en Paris, ha publicado este texto en su  blog que aquí recojo.

(Notas sobre una novela de José Manuel Prieto)

Par Armando VALDES-ZAMORA

No se trata aquí sólo de comentar un libro. Se trata de hablar de la literatura, de una manera, de una escritura. De una experiencia diferente al imaginar una historia y después contarla.

El libro es una novela y se llama Rex, fue escrito en castellano y publicado en 2007.

El autor, que me afirma en un café de París, con un helado Panaché en la mano, haber nacido en Cuba en 1962, es José Manuel Prieto.

Confiesa Prieto, además, haber sido antes ingeniero en La Habana y en la URSS, más tarde profesor de ruso en México, y ahora enseñar español y literatura en Nueva York.

(Prieto traduce del inglés, y lo hace tan bien del ruso al español, que de alguna parte he elegido el calificativo de “traductor excepcional”, del cual me apropio como si fuera mío, yo, que no tendré ya tiempo de aprender el ruso).

Antes de Rex – y me demoro aquí para completar la formalidad de las presentaciones – Prieto publicó un libro de cuentos en 1996, Nunca antes había visto al rojo. Y dos otras novelas, Enciclopedia de una vida en Rusia en 1997, y, en 1999 el más conocido (y aplaudido) de sus libros, Livadia.

Se trata en Livadia de la búsqueda tan intensa y precisa de una mariposa que la historia ha provocado en ediciones y traducciones variar el título del libro hasta Mariposas nocturnas del imperio ruso, por ejemplo.

Todos los libros de este cubano hasta Rex, transcurren en Rusia y en ninguno aparecen ni Cuba ni los cubanos como referencia, lo cual es preocupante, estará de acuerdo conmigo quien lea estas notas, ¿no?

Después de leerlo varias veces sin que nadie lo sepa, si me preguntaran cuál es el tema de Rex, sentenciaría aparentando ser preciso: la simulación. La cita de Berkeley que encabeza el libro es, en este sentido, inquietante: Las cosas son tal como se perciben.

Y aquí va otro elemento que exige un comentario: de lo que trata el libro.

Rex
cuenta la historia de un preceptor latinoamericano contratado por una pareja de rusos que vive no lejos de Marbella, para ocuparse de la educación de su hijo, Petia, de once años.

Los rusos no son sólo nuevos ricos, sino también falsos ricos, mafiosos. Y el latino es un supuesto profesor general. Me explico: los rusos han hecho fortuna con diamantes falsos y el profesor pretende enseñar, en doce lecciones que estructuran la novela, todas las asignaturas posibles (física, matemática, etc) a partir de un libro único: A la recherche du temps perdu de Marcel Proust…

Pero lo que más llama la atención cuando se comienza a leer Rex es la manera en que se cuenta. Una sintaxis que se interrumpe. La recurrencia de una descripción. El comentario incesante de un narrador. Los varios puntos de vista de contar  los hechos. Es decir, el gasto de un discurso que no se explaya en objetos, luces, movimientos de cuerpos danzantes…en frivolidades de todo tipo.

Prieto es puro gasto, escribe en Letras libres el crítico mexicano Rafael Lemus. Un gasto en una época en que se promueve la restricción, su simulación pública.

El científico fabricante de diamantes y su bella esposa pretenden extender a la historia sus simulaciones: remplazar al zar inexistente y a la nobleza rusa podría ser una manera de escapar a la mafia. Es decir, se excede el exceso, el gusto por el gasto llega hasta la ingenuidad por el deseo de ser, precisamente, Rey.

Para llegar a ser Rex, es decir, Rey, hay que simular, hay que creer en lo que se ve aunque lo que se vea (los diamantes) o lo que se diga que uno es (profesor) sea falso.

Prieto, sin embargo, da una pista. En una entrevista pública afirma que es también de Proust de quien toma la idea de los diamantes.

En 1908 un ingeniero llamado Lemoine fue condenado en París por fabricar falsos diamantes. Proust asistió al proceso y escribió uno de sus célebres pastiches en los cuales él imitaba los estilos de escritores clásicos: Balzac, Flaubert, etc.

(Lemoine fonéticamente, en francés, es un calambur basado en la homonimia con Le moine, es decir; el monje).

En este caso pareciera como si el plagio se remplazara por el pastiche, la influencia por el mimetismo deliberado: el texto que se lee, nos dice Proust, es falso por imitar a otros escritores, como los diamantes que se ven.

Lo que se ve y sobre todo, el cómo se ve, la visión pura, el ojo, es la prueba de la existencia de las cosas, nos dice por su parte José Manuel Prieto en Rex.

Esse est percipi, ser es ser percibido, la frase clave del pensamiento del filósofo irlandés Georges Berkeley, funciona aquí como eje de lo narrado.

Lo que me interesa de un libro es la materia” confiesa José Manuel Prieto. ¿Cómo entonces resolver esa paradoja entre la subjetividad y el tacto, entre lo mirado y lo que se constata?

Al final de Rex se puede leer el siguiente diálogo entre el profesor y su discípulo:

Lo vi con mis propios ojos, bajo el cielo empíreo de mi visión.

-¿Pero no es una visión, no es un sueño?

-¿Cómo una visión, cómo un sueño? Es un ingenio, es un invento, es un experimento mental.

Algo de lo absoluto romántico (¿ruso, cubano, latinoamericano?) subyace en esta novela donde todo se apuesta a un diamante, a un libro de libros, a ser Rey.

Sin embargo Prieto descentra esta totalidad, la divide. Enfrenta al espíritu con la materia. El verdadero tema de A la recherche du temps perdu, es el dinero, especula el narrador al principio de sus lecciones.

Rex
es así una simulación que se le ofrece al lector para que él reconstruya la historia, con sus propios medios. Simular es también imaginar.

El escritor es un asceta replegado en su imaginación, vive como un monje y fabrica diamantes. Esta es la última frase del pastiche de Proust sobre el falsificador Lemoine.

Escribir es como fabricar falsos diamantes, una de las maneras ilusorias ahora de ser Rey, se infiere de la lectura de Rex. Sólo que se trata de un Rey ficticio y solitario como un monje.

En las últimas líneas de Rex el narrador acepta su equívoco: como el tiempo es dinero, el verdadero tema del libro de Proust, es el tiempo.

Buscar entonces una imagen en la memoria, escribir lo visto y fabricar un diamante, son actos similares que no tienen que ser verídicos, porque ya sólo existen posibilidades imaginarias de parecer original, es decir, de llegar a ser Rey.

A cada cual, a cada lector, su manera de adaptarse a este invento, a esta lectura para sentirse a su manera, Rey.

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