Introducción a la Antología de Maiakovski que traduje hace años y un poema del libro

“La nube en pantalones y otros poemas”

Antología poética de Vladimir Maikovski.

Selección, traducción y prólogo de José Manuel Prieto.

Vladimir Vladimirovich Maikovski el poeta de la blusa amarilla, el “vocinglero-jefe” del futurismo ruso, nace en 1893 en Georgia. En 1913, en San Petersburgo, publica su primer libro de poemas en el que ya hace gala de esas imágenes musculosas, fuertes, que escandalizan al pequeño burgués. Cuando la revolución de 1917 desplaza a la personal e incruenta revuelta de Maikovski, éste se une a ella entusiasmado. No duda en lamer “esputos de tisis con la lengua áspera de los cárteles” y pinta el mismo y escribe textos para la famosa serie de las “Ventanas de Rosta” (por las iniciales de la agencia de información rusa) inspirados en el “lubok” o pintura ingenua rusa. Escribe para el teatro obras como “Misterio Bufo” y “La casa de baños”; critica ahora el victorioso burocratismo del nuevo régimen.  Pero a su extrema corpulencia poética comienzan a quedarle estrechos los marcos siempre rígidos de la literatura partidista. A fines de los años veinte emprende un viaje en el que visita, entre otros países, Cuba y los Estados Unidos. En 1930, angustiado por causas literarias y extraliterarias (estas últimas casi seguro predominantes), se dispara un tiro en su departamento moscovita. Pocos años después de su muerte Maikovski parece olvidado. En 1934 Máximo Gorki inaugura el congreso de los Escritores Soviéticos instaurando el “realismo socialista” como único método artístico. Es ese el momento que Lilia Brik, hermana de Elsa Triolet y su amante durante años, escoge para escribirle una carta a Stalin denunciando su injusto olvido. El “montañés del Kremlin” para quien un poeta muerto no representaba problema alguno (los vivos sí: Pavel Vasiliev, Ossip Mandelstam y otros pagarían  por serlo) decide fundirlo en bronce, canonizarlo aviesamente “como el poeta más importante de nuestra época”. Lo cierto es que Maikovski nunca fue el incondicional del bolchevismo que presentaba la hagiografía soviética. Valga esta muestra de su obra anterior a 1917 como prueba de la más pura vena lírica que corría por sus versos.

Un poema del libro.

Y DE TODOS MODOS

La calle se ha hundido como la nariz de un sifilítico.

El río es voluptuosidad que se prolonga en saliva.

Lanzando su ropa interior hasta la última hoja

los jardines yacen abiertos obscenamente en junio.

Salgo a la plaza,

me pongo en la cabeza

la calle ardiente, como una peluca roja.

Los peatones me eluden con temor: en mi boca

un grito a medio masticar agita las piernas.

Pero no oiré un reproche, no escucharé ladridos,

y habrá flores a mis pies como a los de un profeta,

porque ustedes, narices hundidas, lo saben muy bien:

yo soy vuestro poeta.

!Vuestro juicio final me da tanto miedo como una taberna¡

Pero tan sólo a mí, a través de edificios en llamas,

me llevarán en andas las prostitutas como a efigie sagrada,

y me mostrarán a Dios en su descargo.

!Y Dios llorará leyendo mi brevísimo libro¡

Hecho de temblores en compactado ovillo, no de palabras;

y echará a correr por el cielo estrechando mis versos

y los recitará a sus amigos conteniendo el aliento.

1914.

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