¿Qué es lo mejor que leíste en el 2009? Respuesta a Penúltimos Días


El primero que me viene a la mente es The death of the red heroine, de Qiu Xialong. El tipo de novela policíaca que hubiera deleitado al propio Borges: un improbable detective chino, amante de la poesía inglesa y traductor de T. S. Eliot, actuando con sagacidad y denuedo contra el telón de fondo de un Shangai postcomunista. El contraste entre vida pública de la “heroína roja” —lo que en la jerga revolucionaria insular se llamaría una “trabajadora de avanzada”— y su vida privada como amante secreta del hijo de un alto funcionario del partido, uno de los nuevos ricos de la nueva China… Mi más calurosa recomendación, la compré en la librería City Lights, de San Francisco, a sugerencia de mi traductora, y no paré de leer hasta dos noches después, en Nueva York.
En segundo lugar The whisperers. Privates lifes in Stalin Rusia, del historiador inglés Orlando Figes. Un libro esencial para entender el impacto del terror cotidiano en la vida de las personas bajo el estalinismo. Figes se basa en testimonios, diarios privados y en entrevistas con sobrevivientes del terror. He escrito una reseña sobre este libro en la revista Istor a la que remito a los lectores de tu blog. Lo que allí digo, brevemente: que si sobre el Gulag y el Gran Terror de los Treinta se han vertido ríos de tintas (desde Robert Conquest, pasando por Solzhenitsin y terminando, hará unos años, con Applebaum), el tema que aborda Figes ha sido escasamente estudiado y es esencial, sin embargo, para entender lo que de otro modo parece un total enigma: la larga supervivencia de los regímenes totalitarios.
Y por último, Musicophilia, de Oliver Sacks, quizá mi autor favorito de literatura de temas científicos. No he parado de leerlo desde que hace años descubrí El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, que igualmente recomiendo a quienes no lo conozcan. Musicophilia, su trabajo más reciente, trata sobre el efecto de la música en el cerebro y está finísimamente hilado, como todo lo suyo. Sack relata casos clínicos, historias fascinantes. Como la de un hombre que es golpeado por un rayo durante una tormenta de verano y dos meses después se le despierta una irresistible pasión por la música, se aplica a estudiar piano a la avanzada edad (para un pianista, claro) de cuarenta y dos años. Te copio dos líneas de la contraportada: “Sacks is adept at turning neurological narratives into humanly affecting stories…” Una verdadera joya.

José Manuel Prieto:
Nueva York

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