Traducción de una de las reseñas de “Livadia” aparecidas en Rusia

Entomología recreativa

Trabajos que combinan las bellas letras y la entomología no son novedad dentro de las letras rusas. Y si entre los escarabajos, mosquitos y otros insectos reina sin discusión Victor Pelevin, los lepidópteros eran hasta ahora terreno exclusivo de Vladimir Nabokov. José Manuel Prieto ha logrado hacerse un lugar en departamento tan honroso, apropiarse algo para así. ¿Y qué importa que el apellido del autor de Livadia no sea un apellido ruso? Si los americanos se apropiaron de Vladimir Nabokov, lo hicieron un escritor suyo, anunciemos desde ahora el derecho de la cultura rusa de apropiarse a su vez de tan talentoso escritor cubano.

La novela, en todo caso, lo vale. Livadia es una compleja simbiosis entre novela de amor e historia de aventura y contrabando, entre novela histórica sobre la Rusia de comienzo de los años noventa y enciclopedia literaria y, encima de todo esto un tierno homenaje a la gran literatura epistolar de Europa.

La obra abarca una geografía sumamente vasta.: la historia se desplaza desde San Petersburgo, a Crimea, pasando por Astracán, Estambul, Berlín, Suecia, Finlandia y prácticamente toda la Europa del Este. El protagonista, alguien que se ha convertido en un vendedor de equipos del el ex ejército soviético, recibe el pedido de un oligarca sueco de cazar una misteriosa mariposa, el yazikus, la cual, al parecer, jamás existió en realidad. En medio de todo esto, nuestro héroe termina rescatando a una belleza rusa de un burdel en Estambul, la cual huye de él en Yalta y más tarde comienza a escribirle cartas en fino papel de arroz.

Livadia tiene una muy particular entonación, única e irrepetible, lo que de antemano ya es extraordinario y digno de admiración. Si intentáramos dar unas coordenadas más exactas podríamos decir que el autor dio con una entonación que es a primera vista inesperada pero que le permite poner toda la novela como de cabeza, invertir el orden de la narración. Pensativo y rítmico, como olas que en una playa llegasen a los pies de lector, el pensamiento del autor llega a nuestros oídos mientras nos cuenta la frenética huida de Estambul, la inspección aduanal de sus valijas con aquellos equipos militares escondidos en el fondo de la mochila, una riña en un muelle, toda la historia de amor y de sexo. Este montaje retardado nos permite prestar atención a la belleza de la prosa, al estilo y la fineza del pensamiento de autor; todo sin menoscabo alguno de la necesaria confianza infantil hacia el narrador, hacia lo que nos cuenta. Confianza que hallamos justificada con creces: en efecto, mientras más nos adentramos en la novela, mientras más leemos, más interesante se vuelve.

Estamos ante una novela que, sin duda, trata de Rusia. O del caos imperante entre las humeantes ruinas del Imperio. Desde el punto de vista artístico, creo que nada se ha escrito más convincente sobre el comienzo de los años noventa en la Unión Soviética. Al menos no en una lengua extranjera. Lo más posible es que Livadia quede como una novela única en su tipo, esto por no mencionar que haya sido escrita con tanta finura y talento.

Y lógicamente, es también una novela sobre la cultura europea. La cantidad de citas y llamadas a los más disímiles textos –no intentaré ni siquiera mencionar cuáles: tan amplio es el espectro- es innumerable, sin que en ningún momento el narrador aparezca como un snob que lance citas a diestro y siniestro. Todo lo contrario, atrae al lector, lo involucra como sin quererlo y, de una manera sumamente refinada e intelectualmente sofisticada, lo invita a entablar un diálogo con personas que han habitado la tierra por los últimos mil años.

En esta novela todo es magnífico: la intensidad de la pasión amorosa, lo impredecible de la aventura, y la abundancia de las citas que no solo le proporciona un brillo como de árbol navideño, sino que la vuelve una especie de cuadro tridimensional, le aporta mayor volumen. Un espacio en el cual se siente cómodo cualquier lector atento: en este libro, como en un museo interactivo, toda pieza expuesta puede tocarse y apreciarse a fondo y, en última instancia, hasta puedes llevártela contigo a casa.

Vadim Levental.

Link de la reseña en ruso:

http://prochtenie.ru/index.php/docs/833

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